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Nuevos Rumbos Y Soportes En La Música Peruana

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Hace unos días mi amiga la poeta Karina Valcárcel me pidió una disertación sobre el tema “Nuevos Rumbos Y Soportes En La Música Peruana” para ser leído en una fecha del Festival de Arte Integrador FUSIONA que se llevó a cabo entre el 8 y el 15 de Junio en la UTP del Cercado de Lima. Lamentablemente no estuve presente por motivos de fuerza mayor y de cansancio, pero aquí les va lo que había escrito, ojalá les guste ^_^
Cuando me pidieron que esté presente aquí dando un testimonio más que un ensayo sobre este tema, se me vino a la mente todo lo que deben haber pasado los músicos de los 80’s por dar a la luz sus canciones, por ver en las calles su música. Cuando era redactor de la revista musical Freak Out! entrevistamos en el 2004 a Miguel Ángel Vidal, voz y líder del grupo Voz Propia, y nos contaba cómo era la distribución de las ya legendarias maquetas editadas en cassette y que, a pesar de no haber los medios con los que ahora contamos, los consumidores (no hay otra forma menos capitalista de designarlos, disculpen) de aquellas cintas se pasaban la voz −casi a escondidas de las otras manchas subtes− en las pocas fiestitas que podían organizar a mansalva del toque de queda que decretó el ahora gordinflón Alán García: “Fiestas negras/ fiestas burguesas,/ fiestas repletas de pura mierda:/ destrózalas, destrózalas, destrózalas…”. Nos recalcaba Miguel Ángel que las distribución de los cassettes era muy escasa, como lo eran también los puntos de venta, y pero que se sorprendía cada vez que regresaba a esos sitios en los que se habían vendidos todos los ejemplares que dejaba en consignación, y de los que como siempre no recibía ni un mísero billete de 1000 Intis. Además recordemos que por esos años se editaron varios fanzines subtes que sin duda ayudaron a cimentar la leyenda de Voz Propia que continúa intacta hasta nuestros días. Si se continuara escribiendo la reciente historia del rock peruano, como lo hizo Pedro Cornejo, y se consignaran en el mismo héroes, creo que la gente de los 80’s sería la escogida para estar en ese pedestal.
Quien les habla también pasó por las de Caín, cuando con el grupo de trash-death-grind metal (así fue nuestra ¿evolución?) que formamos entre amigos a principios de los 90’s, editamos un par de demos de los que apenas vendimos dos docenas. Y eso que aparecimos sabrá Dios cómo en un par de fanzines metaleros de la época, y eso que también tocamos sabrá Dios cómo un par de veces en el legendario bar metal del pestilente y peligroso barrio de Malambito, colindante con La Colmena. Con el tiempo colgaríamos los instrumentos durante casi una década por seguir nuestras vidas universitarias en la hermosa San Marcos.
Si quienes estamos en la música desde los 80’s le debemos algo a alguien en este mundo, esa sería a la empresa holandesa Philips, pues ellos fueron los inventores del cassette, medio que nos mostró la luz al final del túnel. A las nuevas generaciones les parece muy mona y graciosa la cajita con cinta magnética, pero para nosotros (base tres para adelante) eran nuestros acérrimos confidentes, los que nos dictaban el devenir de los días (como decía Voz Propia: “Hay que morir cada noche con el sol,/ y cada día volver a nacer.”), los que nos ayudaban a conformar nuestros soundtracks con el que combatíamos el mundanal ruido de la ciudad a través de nuestros amados Walkmans, el antecesor de los Minidiscs y iPods. Los cassettes seguirán siendo −en nuestro imaginario− las ruedas con las que decidimos avanzar a pesar de las vicisitudes de la vida.
El año 2000 nos agarró fríos con los .mp3s. Y a pesar de que supuestamente lo físico siempre se impone a lo inmaterial (y si no ¿por qué aún los jóvenes poetas editan libros?), la Internet fue un canal del que nos hemos nutrido todos. Aprendimos a ver más allá de los horizontes. Cuando retomé la música, luego de darle varios de mis años a la amada e ingrata poesía, el tiempo ya habían avanzado sin nosotros. Cuando empezamos a ensayar las pedaleras ya no eran análogas, ahora eran digitales con decenas de artilugios sonoros antes distantes. Los estudios de grabación y las salas de ensayo ya no eran los sitios restringidos a la economía de nuestros magros bolsillos. Grabar música se hizo facilísimo. Y el disco compacto nos eliminó para siempre los scratches del vinilo y el siseo de los cassettes.
Todo esto se me vino a la mente cuando Karina [Valcárcel] me pidió participar en este conversatorio […]
Antonio De Saavedra
Sábado 13 de Junio 2009

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