| Band Members | Mi razón no vuela nunca, como he dicho para engañaros. Y cuando cometo un crimen, sé lo que hago: ¡no quería hacer otra cosa! De pie sobre la roca, mientras el huracán azotaba mis cabellos y mi manto, yo expiaba extasiado esa fuerza de la tempestad, encarnizándose con un navío, bajo un cielo sin estrellas. Seguí, con ac-titud triunfante, todas las peripecias de ese drama, des-de el instante en que el barco echó anclas hasta el ins-tante en que se hundió, hábito fatal que arrastró hacia las entrañas del mar a todos aquellos a quienes reves-tía como un manto. Pero se acercaba el instante en que yo mismo tenía que mezclarme como actor en aque-llas escenas de la naturaleza trastornada. Cuando el lu-gar donde el barco había sostenido el combate mostró claramente que éste había ido a pasar el resto de sus días en el piso bajo del mar, entonces, una parte de los que habían sido arrastrados por las olas reapare-cieron en la superficie. Disputaban cuerpo a cuerpo, dos a dos, tres a tres; era el medio de no salvar su vi-da, pues sus movimientos se hacían embarazosos y se iban al fondo como cántaros agujereados... ¿Qué es ese ejército de monstruos marinos que hiende las olas raudamente? Son seis, sus aletas son vigorosas, y se abren paso a través de las olas embravecidas. Con to-dos esos seres humanos, que mueven los cuatro miem-bros de ese continente tan poco estable, los tiburones hacen muy pronto una tortilla sin huevos, y se la re-parten de acuerdo con la ley del más fuerte. La sangre se mezcla con las aguas y las aguas se mezclan con la sangre. Sus ojos feroces iluminan suficientemente el es-cenario de la carnicería...
|