Chanta es una banda que surge de la fusión de 6 o 7 átomos. El origen de la banda se remonta al año 2005 después del nacimiento de Jesucristo. Los músicos-fumigadores no se conocían hasta el día de la famosa invasión de avispas.
En aquel tiempo Pantera y Panex se encontraban en bancarrota. Habían invertido su último dinero en una empresa de fumigaciones “Chanta Carlini Fumigaciones”, y nunca pudieron conseguir clientes que pagaran en término. Aunque obtenían ingresos muy por debajo de lo que habían planeado, no podían despedir a su único empleado, Andreu, que había venido de méxico y era el dueño del único vehículo con el que contaban. Para colmo de males, habían llamado a un abogado amigo, Fede, para que se encargue de la cobranzas morosas. Este no podía conseguir que los clientes pagaran, y encima les facturaba como todo un bufetti.
Un 9 de Julio de 2005, Panex se encontraba en la terraza del edificio de Andreu “Camp & Verga” con el objetivo de quitarse la vida. Hacía mucho calor ese invierno, se decía que la corriente del niño iba a traer consigo catástrofes naturales. Y así fue. Justo cuando estaba por saltar al vacío, a Panex lo llama Pantera comentándole que en el noticiero vió que venía una invasión de avispas, que era la mejor oportunidad para levantar el negocio. Urgente Panex bajó a la calle y tomó secuestrado un colectivo de la línea 112, que manejaba un novato chofer (Chan). A punta de pistola lo obligó a llevarlo a la central de Chanta Carlini Fumigaciones.
Chino y Uri eran policías. Habían entrado a la fuerza hacía dos años, y ambos estaban arrepentidos. La paga era muy poca y los riesgos muchos. Se alistaron en la fuerza convencidos por Casio, un vendedor de makonia que trabajaba en una estación de servicio de su barrio. La tarde del 9 de Julio de 2005 el radio del Chino sonó -“tenemos un 567 en San Luis y Calamuchita”. –“Uri, secuestraron un colectivo. Se dirige hacía aquí”. Uri estaba cagado, nunca había estado en un 567, pero había hecho un curso de negociador en casos de crisis, así que tomó la iniciativa.
El colectivo de la línea 112 se había salido de su recorrido, iba por la calle Calamuchita en contramano. Panex amenazaba al Chan, novato chofer, con un 38 corto. Si bajaba de los 60 km/h lo quemaba. La situación era muy delicada. Los pasajeros del colectivo habían entrado en crisis. Una señora se desmayó. Panex, en un ataque de nervios, le efectuó 3 disparos y la señora quedó moribunda.
Andreu estaba revisando el motor de su vehículo, mientras Pantera preparaba en un balde el veneno para la exitosa fumigación que se avecinaba. Un niño del vecindario golpeó la puerta fervientemente. –“Pongan el noticiero, Panex mató a una vieja”.
En la esquina de Iturraspe y Calamuchita, el móvil de dos policías alcanzó al colectivo secuestrado. Uri no dominaba el Falcon. Había sacado el carnet hacía una semana, pero tenía que manejar, ya que el Chino había hecho un curso de disparo en persecución y estaba decidido a detener el colectivo reventando los neumáticos.
Tras 15 minutos de persecución y disparos, el colectivo llegó al bunker de los fumigadores. Andreu y Pantera no lo podían creer. El colectivo se detuvo y volcó dando dos vueltas. El patrullero se detuvo y los dos oficiales salieron del vehículo. Escudándose con las puertas, apuntaron al colectivo del que salía tierra y humo. Esto dificultaba la visión de lo que allí pasaba.
Una rumba, como si viniera del cielo, empezó a sonar. Había un colectivo lleno de tierra y humo, dos policías apuntando, y mucha gente era espectadora de esto. De repente, Panex salió dando grandes saltos del colectivo, y al ritmo de la rumba comenzó a bailar. Vestía traje amarillo y una careta del increíble Hulk Los policías no podían resistirse semejante ritmo. Panex se acercaba a la gente bailando y esta aplaudía contemplando el espectáculo. Andreu fue a buscar una guitarra que tenía en el despacho de la compañía. Pantera no dudó en acompañarlos con la voz. Uri y el chino sacaron una guitarra y un sintetizador que tenían en el baúl del móvil, y de adentro del colectivo se asomó el Chan haciendo percusiones con una batería para niños que llevaba uno de los pasajeros.
Luego de aquella tarde nada volvió a ser igual. Esa tarde no llovieron sapos, pero toda la gente pudo ver como al ritmo de esa rumba que interpretaban unos desconocidos, el espíritu de una señora se elevaba desde el humo, y se esfumaba en dirección al cielo. La música siguió siendo la misma, pero había algo nuevo. Ese día, Chanta Carlini tocaba por primera vez.