Las canciones que integran este espectáculo son composiciones de Carlos Cano dedicadas a retratar personajes reales muy conocidos. El título “De carne y verso” se decide como sugerencia de la gran humanidad que desprenden cada uno de las figuras retratadas, poetizadas por la especial sensibilidad del compositor. Seres humanos de la categoría de María Elena Martín Vivaldi, poeta granadina compañera de la soledad; Lucrecia, la negra dominicana asesinada por la injusticia y la xenofobia; Miguel de Molina, el republicano que, en la maleta del exilio se llevó su arte y su dolor, sus Ojos Verdes y su María de la O para pasearlos por todos los escenarios de Latinoamérica; Edin Puczi, mutilado de cuerpo y alma por la crueldad de la guerra de Bosnia; y el propio Carlos Cano, trovador del pueblo con su corazón roto por la grandeza y el sentimiento. Todos forman parte de este interesante retablo de personas elegidas para cantar a la valentía, al compromiso, a la dignidad, al amor, a la ética… Todos los temas han sido versionados con arreglos originales de Pepe Melara. El último título, De Carne y Verso, estará dedicado al cantautor granadino y es creación inédita y original, con letra y música compuestas respectivamente por Marce Solís y Pepe Melara. En la grabación de este cuidado disco, patrocinado por la Consejería de Cultura y la Diputación de Badajoz, han colaborado una quincena de reconocidos músicos.
Manuela Roque existe en su universo de sueños y pesadillas y construye su vida bajo el ideal de esos sueños. Manuela no cree en el alma pero arrastra su espiritualidad como un inseparable siamés. Es alegre y triste, humilde y orgullosa, roza la locura cuando le espanta tanta cordura y sigue luchando, sangrando, amando, suspirando, inventando...Renaciéndose a sí misma tantas veces como muere en un instante.
Manuela es intemporal pero recurre al tiempo y al espacio para vestirse con la piel de cada uno de sus personajes que interpreta en sus actuaciones, renovándose con los sentimientos universales de cada uno de ellos. Cuando canta a Lucrecia, Manuela es dominicana, inmigrante y víctima, o bien pasea la transgresión de Ocaña por las Ramblas barcelonesas, o siente en sí misma la cruel mutilación que segó las piernas del joven bosnio y desgarró su confianza en el ser humano. También busca la libertad de esa Laila, perdida en un París hostil y vejatorio, y encendidos claveles que exalten los infinitos abriles.
Manuela nació en Extremadura pero le asfixian las fronteras. Desata lazos, corta alambradas y derrumba murallas que la aíslen del universo y pretende alcanzar un mundo ideal que enjugue las lágrimas de los niños sin nada, de las mujeres humilladas y de la gente sin pueblo.
No sabe de números ni letras, pero suma y multiplica afectos con inagotable ahínco e interpreta como un relámpago el diálogo sutil de las miradas.