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REMIGI PALMERO: LES LLIBRETES EN BLANC
Cuando indio fumar pipa de la paz por segunda vez al día, esto es; después de comer y haber echado una cabezadita, lo primero que hace es pensar en lo a gusto que se está a solas, sin nadie que te lleve la contraria. Luego repara por unos instantes en lo veloz y atroz de la vida del hombre blanco; debe ser un infierno necesitar tantos cachivaches y emociones para llenar algo tan hermoso como el vacío y el tiempo. El que quiera correr que se compre una moto bien grande..., se dice para sus adentros riendo como un chiquillo de su ocurrencia: No estaría mal escribir algunas canciones sobre este tipo de cosas, si no fuera porque el Espíritu cabalga sobre las nubes y suele hablar en el silencio. Ese silencio que deixa les llibretes en blanc...
Ante todo, piensa, han de ser canciones cargadas de armonía, muy ligeras, de cariz mediterráneo; suaves; que no interfieran de ningún modo el sagrado transcurrir de las luces y el aire. Así, pues, pasan los días “en primera clase”, como diría el amigo Carrasco, que en vano trata de convencerlo para grabar un disco con todo lujo de arreglos. Pero eso puede llevar a muchas complicaciones, quita... Vade retro. Un disco bien sencillo es lo que hay que hacer, con la guitarra y la voz; sin ir más lejos, sin encender los motores para nada, lejos del mundanal ruido que produce la vida de los otros. Algo que contenga la hermosura de la primitiva soledad; ahí está la cuestión.
Bien amarrado al mástil de la guitarra, cual Ulises dispuesto a bordear el archipiélago de los delirios, provisto de buen fumeque, el buen chamán, chama que te chama, va pasando con poco. Pero, vamos a ver, ¿qué es poco y qué es mucho? Con pan y agua se hace la travesía del desierto. De este modo, poco a poco, las canciones se van amontonando en el taller rural, que tanto vale para hacer música como para pintar: al fin y al cabo somos pintores... Hojas de papel viajan junto a los bocatas de tortilla de espinacas. Las mondas de naranja sirven más tarde de ambientador sobre la calefacción.
En un pasajero momento de duda, al indio ibérico, flaco como la pipa de la paz, se le antoja que tal vez lo que está componiendo quedaría como más vistoso con algo de percusión y bajo, una segunda voz de vez en cuando...; después de todo es algo que podría resolver por él mismo, y con inusitada destreza. O bien, ya puestos, organizar un par de sesiones en la ciudad, con los amigos de profesión: algo directo, rápido. No sería la primera vez... Pero para eso hay que mover el auto, hablar por teléfono, emprender toda una serie de contactos. Quita, quita..., eso no hará que las canciones sean mejores: aunque la mona se vista de seda... Además, ¿por qué no hacer realidad de una vez el viejo sueño de un disco sólo con guitarra y voz?
Así que, después de más de diez años rumiándolo, al final se decide. Lleva en este circo de la música desde que era casi un niño, desde los tiempos de las verbenas, cuando los grupos se podían contar con los dedos de las manos; aquello si que era trabajar de firme... Bastante se viaja cuando hay que irse de bolos por esos mundos. Además, para qué editar un disco hoy en día si cualquier aficionado se pone a ello, impunemente, para fusilar por enésima vez una mala copia... El indio será indio, pero jamás un gañán. Se sabe afortunado de haber vivido los grandes tiempos, de disfrutar del verdadero éxito: necesitar lo imprescindible y trabajar sólo en lo que te apasiona. Ya lo dice el Tao bien claro: al maestro músico pocas gamas le hacen falta.
© Julio Bustamante (2008)
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