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¿Será este árbol extraño algún ser vivo que un día en dos mitades se dividiera? ¿O dos seres que tanto se comprendieron, que fundirse en un solo ser decidieran?
La clave de este enigma tan inquietante Yo dentro de mí mismo creo haberla hallado: ¿no adivinas tú mismo, por mis canciones, que soy sencillo y doble como este árbol?
Annabel Lee It was many and many a year ago, In a kingdom by the sea, That a maiden there lived whom you may know By the name of ANNABEL LEE; And this maiden she lived with no other thought Than to love and be loved by me.
I was a child and she was a child, In this kingdom by the sea; But we loved with a love that was more than love- I and my Annabel Lee; With a love that the winged seraphs of heaven Coveted her and me.
And this was the reason that, long ago, In this kingdom by the sea, A wind blew out of a cloud, chilling My beautiful Annabel Lee; So that her highborn kinsman came And bore her away from me, To shut her up in a sepulchre In this kingdom by the sea.
The angels, not half so happy in heaven, Went envying her and me- Yes!- that was the reason (as all men know, In this kingdom by the sea) That the wind came out of the cloud by night, Chilling and killing my Annabel Lee.
But our love it was stronger by far than the love Of those who were older than we- Of many far wiser than we- And neither the angels in heaven above, Nor the demons down under the sea, Can ever dissever my soul from the soul Of the beautiful Annabel Lee.
For the moon never beams without bringing me dreams Of the beautiful Annabel Lee; And the stars never rise but I feel the bright eyes Of the beautiful Annabel Lee; And so, all the night-tide, I lie down by the side Of my darling- my darling- my life and my bride, In the sepulchre there by the sea, In her tomb by the sounding sea.
¡Ah, quién pudiera oír una voz humana que confiese no un pecado sino una infamia; que cuente no una violencia sino una cobardía! Pero no, son todos la Maravilla si los escucho. ¿Es que no hay nadie en este ancho mundo capaz de confesar que una vez fue vil? ¡Oh príncipes, mis hermanos! ¡Basta, estoy harto de semidioses! ¿Dónde está la gente de este mundo? ¿Así que en esta tierra sólo yo soy vil y me equivoco? Admitirán que las mujeres no los amaron, aceptarán que fueron traicionados -¡pero ridículos nunca!- Y yo que fui ridículo sin haber sido traicionado, ¿cómo puedo dirigirme a mis superiores sin titubear? Yo que fui vil, literalmente vil, vil en el sentido mezquino e infame de la vileza.
El poeta debe llevar un plano de los sitios que va a recorrer y debe estar seguro frente a las mil bellezas y las mil fealdades disfrazadas de belleza que han de pasar delante de sus ojos.
Las estatuas sufren por los ojos con la oscuridad de los ataúdes, pero sufren mucho más por el agua que no desemboca. Que no desemboca.
El pueblo corría por las almenas rompiendo las cañas de los pescadores. ¡Pronto! ¡Los bordes! ¡Deprisa! Y croaban las estrellas tiernas. ...que no desemboca.
Tranquila en mi recuerdo, astro, círculo, meta, lloras por las orillas de un ojo de caballo. ...que no desemboca.
Pero nadie en lo oscuro podrá darte distancias, sin afilado límite, porvenir de diamante, ...que no desemboca.
Mientras la gente busca silencios de almohada tú lates para siempre definida en tu anillo, ...que no desemboca.
Eterna en los finales de unas ondas que aceptan combate de raíces y soledad prevista, ...que no desemboca.
¡Ya vienen por las rampas! ¡Levántate del agua! ¡Cada punto de luz te dará una cadena! ...que no desemboca.
Pero el pozo te alarga manecitas de musgo. insospechada ondina de su casta ignorancia, ...que no desemboca.
No, que no desemboca. Agua fija en un punto, respirando con todos sus violines sin cuerdas en la escala de las heridas y los edificios deshabitados.
Sólo el que cae de verdad y asume en su caída las uvas del terror, la manzana fatal que nutre el caos, es el que vuelve de verdad, si vuelve. Bienvenida Yamila
Quisiera no haber visto del hombre, la primera vez que entró en el almacén, nada más que las manos; lentas, intimidadas y torpes, moviéndose sin fe, largas y todavía sin tostar, disculpándose por su actuación desinteresada. Hizo algunas preguntas y tomó una botella de cerveza, de pie en el extremo más sombrío del mostrador, vuelta la cara sobre un fondo de alpargatas, el almanaque, embutidos blanqueados por los años— hacia afuera, hacia el sol del atardecer y la altura violeta de la sierra, mientras esperaba el ómnibus que lo llevaría a los portones del hotel viejo.
Quisiera no haberle visto más que las manos, me hubiera bastado verlas cuando le di el cambio de los cien pesos y los dedos apretaron los billetes, trataron de acomodarlos y, en seguida, resolviéndose, hicieron una pelota achatada y la escondieron con pudor en el bolsillo del saco; me hubieran bastado aquellos movimientos sobre la madera llena de tajos rellenados con grasa y mugre para saber que no iba a curarse, que no conocía nada de donde sacar voluntad para curarse.