(extracto de biografía hecha por IÑIGO DIAZ en el diccionario de la música chilena) (...de los músicos ...) inspirados en conceptos como la naturaleza, la introspección y la meditación, dándole continuidad a esa línea estética. Rodrigo Cepeda —más conocido como Subhira ("Coraje" en hindú)—, se transformó a partir de los años '90 en el nuevo portador de estos conceptos, a través de un extenso trabajo creativo y el liderazgo de bandas afines orientadas a la fusión étnica.
Entre 1989 y 1997, Cepeda encabezó el grupo Equs, conjunto de fusión que integraba guitarras eléctricas del rock, ritmos latinoamericanos abiertos y un fondo sonoro flotante en los términos de la new age a la que Subhira se había adscrito. Por Equs pasaron algunos de sus más importantes colaboradores en el futuro: la cantante Sol Aravena (que luego seguría con el pseudónimo de Muza) y el guitarrista Prahba (Juan Pablo Quezada).
Acústica y electrónica
El trabajo solista de Subhira como tal despunta a mediados de los '90, con el inicio del registro de composiciones paralelas, todas acústicas, que se convertirían en el debutante Cahuelmó (1995). Su siguiente trabajo, Cañi (1998), mantenía la línea de composición acústica para ensambles de cámara contemporáneos, sonoridades étnicas disímiles y una orientación medioambientalista e instrospectiva. Él mismo lideró la conformación del sello discográfico Mundovivo, única plataforma para la edición de discos de esta naturaleza: Andrés Condon, Antonio Restucci, Marcelo Aedo y Tomás Thayer grabaron para la etiqueta especialista en esta música de cruces, étnica y de fusión.
Además de su profundización como pianista durante esos años, Subhira trabajó con instrumentación de las más diversas tribus repartidas por el mundo. Se transformó en un diestro intérprete del aerófono maorí didgeridoo —como posiblemente el primero que lo incorporó a nuestra música—, el tambor celta bodhran, el tambor medioriental dumbek, el armonio pakistaní y algunos instrumentos mapuches como el trompe y la trutruka. La paleta de colores de su música se triplicó para los siguientes años de creación.
Antes de que en 2000 comenzara la vida del grupo electrónico tribal Transubhiriano, compuso Travesía (1999) e ingresó así en líneas mucho más oscuras y de tensión que sus antecesores trabajos solista, manteniendo siempre intacto el carácter musical descriptivo que hizo de Subhira una de las llaves de esta "nueva era".
Su lado más festivo entre rituales de meditación se dio entonces con el ensamble Transubhiriano, bajo un concepto "tecno étnico-progresivo". Subhira editó dos álbumes, Transubhiriano (2003) y Gira-trip (2007), con la confirmación de su interés por un sonido explorador y a la vez bailable. Entre diecisiete invitados, estos trabajos contaron con la colaboración de nombres de alto alcance: Muza, Joe Vasconcellos, Cristián Crisosto y Juan Caballero, entre otros.