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De un tiempo a esta parte, unos piolas cordobeses se juntan a desenvainar tangos, valses y milongas, aspirando a arrancar suspiros a las percantas del barrio, un lagrimón a quienes que peinan canas y un gesto de admiración cómplice a la barra que aguanta firme en el mostrador del bar. Sobre las texturas de los sonidos canyengues que urden las cuerdas de la guitarra de Andrés Novarece, Gabriel Aguirre canta y desgarra el guitarrón, mientras que allá, desde el fondo del suburbio sonoro del 2 x 4 Jorge Centeno hace emerger el alma grave y soberbia del contrabajo.
Por lo pronto, es su ambición colmarles los bolsillos de notas y pulsarles, como pulsan sus cuerdas, la fibra íntima del cuore para que al terminar, se vayan silbando bajito un tango.
textos Paco Galan
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